En el corazón financiero de Londres, sobre la calle Threadneedle, se encuentra una institución histórica conocida como la "vieja dama". El Banco de Inglaterra, fundado en 1694, resguarda en sus bóvedas subterráneas aproximadamente 400,000 lingotes de oro, de los cuales solo el 6% pertenece a las reservas del Tesoro del Reino Unido. El resto, cerca de 5,000 toneladas, es propiedad de clientes internacionales.
La relevancia de este búnker, que contiene cerca del 3% de todo el oro extraído en la historia, ha vuelto a cobrar protagonismo tras el reciente movimiento del banco central de Países Bajos. Esta entidad trasladó 86 toneladas métricas de oro desde Estados Unidos y Canadá hacia Londres, una operación valorada en casi 12,000 millones de dólares. Aunque gran parte se negoció en Nueva York, más de 27 toneladas fueron transportadas físicamente a territorio británico.
Expertos como Paul Donovan, economista jefe de UBS Global Wealth Management, señalan que, si bien el impacto en el mercado es nulo, estos movimientos reflejan una creciente preocupación por la reputación y la estabilidad de Estados Unidos ante su elevada deuda y tensiones geopolíticas. Esta tendencia de diversificación ha sido adoptada por otros países, incluyendo a Francia, que entre 2025 y 2026 movió parte de sus reservas desde la Reserva Federal de Nueva York.
La ventaja competitiva de Londres no radica solo en su seguridad, que incluye puertas con reconocimiento de voz y códigos compartidos, sino en su posición como el centro mundial de negociación de oro físico. Ewa Manthey, estratega de ING, explica que almacenar el oro en Londres permite a los bancos centrales convertir sus activos en efectivo rápidamente. Al estar en el mismo lugar donde operan los principales actores del mercado, es posible transferir la titularidad de lingotes numerados sin necesidad de mover físicamente el metal, ahorrando costos de transporte y certificación.
No obstante, la custodia internacional conlleva riesgos. El oro almacenado en el extranjero queda sujeto a las leyes y decisiones políticas del país anfitrión. Un caso emblemático es el de Venezuela, cuyas 31 toneladas de oro depositadas en Londres permanecen bloqueadas debido a una disputa legal en los tribunales británicos entre el gobierno y la oposición.
Históricamente, el flujo de oro ha cambiado según las necesidades globales. Durante la Segunda Guerra Mundial, en la llamada "Operación Fish", el Reino Unido trasladó cerca de 2,000 toneladas de oro y monedas hacia el otro lado del Atlántico para protegerlas de una posible invasión alemana y utilizarlas como reserva de emergencia para financiar el esfuerzo bélico.


