Un equipo internacional de investigadores ha completado un mapa detallado de las 124 millones de conexiones nerviosas en el cerebro de una mosca de la fruta macho. Este avance, publicado en la revista Cell, permite una comparación directa con el mapa cerebral de la hembra, desarrollado hace dos años, revelando diferencias estructurales que explican comportamientos específicos como la agresividad, el cortejo y la emisión de cantos de amor.
El profesor Gregory Jefferis, del Laboratorio de Biología Molecular (LBM) del Consejo de Investigación Médica en Cambridge, quien lideró el estudio, calificó el hallazgo como una "nueva vía realmente importante en la neurociencia". El cerebro de la mosca, aunque tiene el tamaño de la cabeza de un alfiler, destaca por ser más eficiente que las supercomputadoras actuales y capaz de superar a la inteligencia artificial más avanzada.
El análisis reveló que, si bien el 95% de las células son compartidas entre ambos sexos, el 5% restante es determinante. Isabella Beckett, coautora principal, señaló: "Esperábamos encontrar diferencias, y las encontramos, y estamos entusiasmados con los resultados". Entre los hallazgos, se identificó que los machos poseen componentes adicionales en su sistema visual para seguir a las hembras durante el cortejo, así como un mayor número de conexiones neuronales vinculadas a la agresión.
El estudio también detalla el circuito de las "canciones de amor", un sistema nervioso único que permite a los machos vibrar sus alas para atraer a las hembras. Philipp Schlegel, coautor del estudio, advirtió sobre la precisión necesaria de este comportamiento: "Si a la hembra le gusta, básicamente le permitirá acercarse, y si no le gusta, y no está receptiva en ese momento, básicamente lo echará, lo que podría hacer con una patada en la cara".
Aunque los investigadores aclararon que este estudio no explica las diferencias de comportamiento entre hombres y mujeres, subrayaron que el modelo ayuda a comprender cómo los genes moldean las conexiones cerebrales. Esto podría arrojar luz sobre afecciones humanas como el autismo y la esquizofrenia. Además, el equipo sugiere que estos diagramas biológicos reales podrían servir de inspiración para mejorar la eficiencia de la inteligencia artificial. En la investigación colaboraron el HHMI Janelia Research Campus, el Drosophila Connectomics Group de la Universidad de Cambridge, Google Research y la Fundación Champalimaud.


