La expansión de la generación solar fotovoltaica y eólica representa un cambio tecnológico fundamental para los sistemas eléctricos modernos. Según el análisis de José Antonio Rojas Nieto, estas fuentes ofrecen beneficios claros como la reducción de combustibles fósiles, la disminución de emisiones y una menor dependencia del gas natural proveniente de Estados Unidos. Sin embargo, su incorporación plantea retos técnicos significativos al transformar sistemas diseñados originalmente para máquinas síncronas, controlables y despachables.
El experto destaca cinco áreas críticas que requieren atención para una integración exitosa:
1. Suficiencia y respaldo: Es necesario asegurar el suministro durante periodos prolongados de baja irradiación o viento mediante potencia firme, almacenamiento de larga duración, generación flexible e interconexiones.
2. Frecuencia e inercia: A diferencia de las máquinas síncronas que poseen masas rotatorias para estabilizar la frecuencia ante perturbaciones, la electrónica de potencia de las renovables requiere tecnologías complementarias como baterías, condensadores síncronos e inversores avanzados (grid-forming) para mantener la estabilidad.
3. Voltaje y fortaleza de la red: Un sistema confiable debe gestionar la potencia reactiva y los niveles de cortocircuito. La transición exige una red más robusta, controlada y equipada con compensadores dinámicos y dispositivos tipo Statcom.
4. Congestión y vertimiento: La falta de coincidencia entre los sitios de generación y los centros de consumo, sumada a una infraestructura de transmisión insuficiente, provoca el fenómeno de 'curtailment' o vertimiento, lo que explica la aparición de precios eléctricos bajos o negativos en momentos de sobreoferta.
5. Complejidad económica: Rojas Nieto subraya que el costo nivelado de energía (LCOE) es insuficiente para medir el impacto real de las renovables. Es necesario evaluar los costos sistémicos adicionales —transmisión, respaldo, flexibilidad y servicios auxiliares— para determinar el valor real de la electricidad entregada.
La conclusión central es que la solución no reside en una tecnología aislada, sino en una arquitectura de sistema integral. El objetivo debe ser minimizar el costo económico, social y ambiental del sistema completo, garantizando su fiabilidad durante las 8 mil 760 horas del año —y 24 horas adicionales en años bisiestos—, reafirmando el papel del Estado como garante de la seguridad y la justicia energética.


