PUERTO VALLARTA, Jal. — La presencia de una embarcación equipada con pantallas LED de gran formato, operada por la empresa Oceanic Marketing, ha desatado controversia entre residentes y visitantes de Puerto Vallarta. La compañía, que promociona su servicio bajo el lema “Donde tu marca domina el horizonte”, utiliza barcos como soportes publicitarios móviles frente a playas, hoteles y restaurantes, buscando una visibilidad alternativa a la publicidad fija tradicional.
Ante las dudas surgidas sobre la legalidad de esta actividad, Oceanic Marketing emitió un comunicado aclarando que se trata de una inversión privada 100% mexicana. La empresa detalló que la embarcación fue construida en Mazatlán, Sinaloa, por una firma especializada del sector naval, y que tanto la infraestructura tecnológica como las pantallas fueron desarrolladas con participación de ingenieros y empresas nacionales. Asimismo, la compañía aseguró contar con la documentación y autorizaciones necesarias expedidas por la Secretaría de Marina y la Capitanía de Puerto, mostrándose abierta a cualquier proceso de revisión. La firma enfatizó que no tiene vínculos con gobiernos, partidos políticos o servidores públicos.
Por su parte, el gobierno municipal de Puerto Vallarta ha solicitado la intervención de las autoridades federales para verificar la documentación y las condiciones operativas de la embarcación. Este modelo de negocio, aunque novedoso en la región, ya opera en otros países a través de empresas como Ballyhoo Media en Florida, The SeaBoard en Maryland, Ocean Media en Nueva Jersey y Ads to Sea en Dubái.
El debate también ha puesto el foco en la contaminación lumínica. En abril de 2026, la organización Friends of Earth advirtió que la luz artificial nocturna puede alterar los ciclos naturales de especies marinas, como las tortugas, que dependen de la oscuridad para orientarse. Según datos de la Universidad de Plymouth citados en el análisis, aproximadamente 772,000 millas cuadradas de los océanos están afectadas por este fenómeno. Actualmente, no existe un marco regulatorio internacional uniforme para la contaminación lumínica marina, lo que ha llevado a organizaciones ambientales a exigir medidas obligatorias para proteger los ecosistemas durante periodos críticos de migración y reproducción.
