PATTAYA, Tailandia. — Aunque la Guerra de Vietnam nunca llegó físicamente a las playas de Pattaya, el conflicto bélico alteró permanentemente la identidad de esta localidad situada a 100 kilómetros al sureste de Bangkok. Lo que originalmente era una aldea de pescadores sin infraestructura turística, se convirtió en un enclave estratégico para el descanso de los militares estadounidenses, sentando las bases de lo que hoy es un controvertido destino de vida nocturna.
La transformación comenzó en la década de 1960. Durante la Guerra Fría, Tailandia permitió a Estados Unidos utilizar sus instalaciones para contener el comunismo en Indochina. Aunque Pattaya nunca albergó una base militar, su cercanía a la base naval de Sattahip y a la base aérea de U-Tapao —esta última fundamental para las operaciones de los bombarderos B-52— la posicionó como el destino civil predilecto para los soldados. Entre 1962 y 1976, más de 700,000 militares pasaron por bases tailandesas, y solo en 1966 y 1967, los soldados en periodos de descanso representaron hasta el 16% de los visitantes del país, inyectando millones de dólares en la economía local.
La demanda de servicios de entretenimiento creció exponencialmente, atrayendo a mujeres jóvenes de las regiones más pobres del país, especialmente del noreste. La Ley de Establecimientos de Entretenimiento de 1966 facilitó la creación de bares y salones de masaje, permitiendo que la industria del sexo prosperara en una zona gris legal. Para 1975, al finalizar la guerra, Pattaya ya contaba con una infraestructura consolidada de hoteles y servicios que, con el tiempo, le valió el apodo de la "ciudad del pecado".
En la actualidad, la ciudad recibe a millones de visitantes: el año pasado registró 12.8 millones de turistas tailandeses y 10.6 millones de extranjeros, frente a una población local de 116,000 habitantes. Según estimaciones, entre 25,000 y 50,000 personas trabajan en la industria sexual. Recientemente, la llegada del portaaviones USS Abraham Lincoln al puerto de Laem Chabang, con casi 5,000 marineros e infantes de marina, reavivó el debate sobre la reputación de la ciudad.
El alcalde de Pattaya, Poramase Ngampiches, reconoce los estereotipos pero insiste en que la ciudad ha evolucionado: "Lo que sí podemos hacer es demostrar que Pattaya ha cambiado y que ahora ofrecemos otras opciones como deportes, seminarios, bienestar y actividades para toda la familia". Por su parte, el sociólogo Ronald Weitzer describe la situación actual como una "Disneylandia para adultos", donde la oferta se ha diversificado incluyendo turismo sexual masculino y transexual, manteniendo a la ciudad en un complejo equilibrio entre su pasado bélico y sus aspiraciones turísticas modernas.


