PUEBLO VIEJO, Ver. — La memoria colectiva de este municipio veracruzano mantiene vivos los relatos sobre la tragedia climática de 1955, un año marcado por el impacto sucesivo de los ciclones Gladys, Hilda y Janet. Según los registros históricos, el fenómeno meteorológico Gladys fue el responsable de saturar los niveles de los ríos, preparando el escenario para una catástrofe sin precedentes en la zona.
El desastre alcanzó su punto crítico con la llegada de Janet, momento en el cual el río Pánuco y las lagunas aledañas ya se encontraban desbordados. Pueblo Viejo se convirtió en un mirador involuntario desde donde los habitantes contemplaron lo que describen como la "avenida de la destrucción". El agua invadió la infraestructura urbana, convirtiendo las calles en canales navegables y obligando a la población a buscar refugio en casas, escuelas y la iglesia local.
Entre los episodios más dramáticos que aún persisten en la narrativa local se encuentra la historia de una familia que quedó a la deriva en las aguas del Pánuco, así como las labores de rescate encabezadas por el capitán Peña Ibarra, cuya actuación permanece en la memoria de los sobrevivientes. Asimismo, la localidad de Mata Redonda, caracterizada por sus casas de madera y su actividad industrial, fue uno de los puntos más afectados durante el paso de Hilda. Tras el diluvio, el municipio inició un largo y complejo proceso de reconstrucción para recuperar la normalidad tras la devastación.

