TAMPICO, Tamps. — La memoria histórica del sur de Tamaulipas y el norte de Veracruz guarda un capítulo sombrío marcado por la llegada del huracán Inés, conocido popularmente como el “huracán asesino”. Este evento meteorológico ocurrió 11 años después de los estragos causados por el huracán Hilda, golpeando nuevamente a una región que aún intentaba recuperarse de desastres previos.
El impacto de Inés fue devastador, dejando un saldo trágico de más de 50 personas fallecidas, siendo las mujeres y los niños las principales víctimas de este fenómeno. La magnitud de la catástrofe alcanzó a 50 mil damnificados, quienes perdieron sus hogares y pertenencias ante las severas inundaciones que azotaron la zona.
Además de la crisis humanitaria, la región enfrentó una situación de inestabilidad social. Durante la emergencia, se reportaron actos de rapiña y un incremento desmedido en los precios de productos básicos, complicando aún más la supervivencia de los habitantes afectados en el sur de Tamaulipas y el norte de Veracruz.

