CIUDAD DEL VATICANO — El diagnóstico de cáncer de pulmón recibido este martes por el papa León XIV, de 71 años, ha puesto en el centro del debate la estructura de mando de la Santa Sede. El pontífice fue sometido a una intervención quirúrgica de 90 minutos en el Hospital Gemelli de Roma, donde se le extirpó el lóbulo inferior del pulmón derecho. Aunque el Vaticano reportó que el Papa pasó una noche tranquila, la situación ha generado interrogantes sobre la gobernanza eclesiástica en momentos de crisis de salud.
A diferencia de los procesos de sucesión tras un fallecimiento o una renuncia, el derecho canónico presenta un vacío legal respecto a la delegación de funciones si el Papa no puede ejercer plenamente su cargo. Según expertos como Filipe Domingues, director del Centro Laico en Roma, no existe un protocolo formal para una situación de "impedimento total". Mientras el pontífice se recupera, la administración diaria recae en la Curia Romana, con el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, desempeñando un rol clave en la gestión diplomática y administrativa, actuando como una especie de "primer ministro".
No obstante, la autoridad de Parolin es limitada; decisiones exclusivas del pontífice, como el nombramiento de obispos o la aprobación de canonizaciones, no pueden ser delegadas. El Canon 335 menciona la posibilidad de que la Santa Sede esté "totalmente impedida", pero carece de definiciones precisas o pasos a seguir. Ante este escenario, la renuncia se perfila como la única vía teórica para un relevo, tal como lo contempló el papa Pablo VI en 1965 y como lo confirmó Francisco en 2022 al dejar una carta de dimisión preparada. La incertidumbre persiste sobre cómo se activaría dicho documento si el Papa perdiera la capacidad de manifestar su voluntad de forma "libre y manifiesta".


