WASHINGTON, D.C., EE. UU. — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se encuentra bajo una intensa presión política tras anunciar un plan para importar diésel ruso, en un intento por mitigar el impacto de los altos precios de la energía derivados del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. El viernes, Trump informó que el mandatario ruso, Vladimir Putin, acordó liberar 300,000 toneladas de diésel de forma inmediata para el mercado estadounidense y global, con compromisos de envíos adicionales de 500,000 toneladas en noviembre y un millón más adelante. Posteriormente, se prevé la entrega de otros tres millones de toneladas, supeditadas al estado de las refinerías rusas, las cuales han sido blanco de ataques ucranianos.
La decisión ha sido duramente cuestionada por un grupo bipartidista de siete senadores —los republicanos Susan Collins, Lisa Murkowski, Thom Tillis y John Curtis, junto a los demócratas Jeanne Shaheen, Richard Blumenthal y Ron Wyden—, quienes instaron al mandatario a revertir la medida. "Estados Unidos no debería proporcionarle a Putin un salvavidas financiero mientras Rusia continúa matando a civiles ucranianos", declararon los legisladores, recordando que el Congreso prohibió explícitamente las importaciones de energía rusa en 2022. Por su parte, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, calificó el acuerdo como una "inversión en una guerra que debe terminar".
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, defendió la estrategia ante Fox News, asegurando que el acuerdo utiliza canales legales existentes para reducir los costos para agricultores, ganaderos y camioneros. Según la AAA, el precio promedio del diésel en EE. UU. se sitúa en 6.28 dólares por galón, por debajo del máximo histórico de 6.53 dólares registrado a finales de septiembre. A pesar de la justificación oficial, analistas advierten que el volumen prometido por Rusia representa apenas la mitad del consumo diario estadounidense, que asciende a 3.6 millones de barriles de diésel al día. Como parte del pacto, el Tesoro suspenderá las sanciones a las exportaciones rusas de diésel hasta el 7 de abril, aunque otros activos rusos en bancos estadounidenses permanecerán congelados.


