El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha iniciado una campaña para renombrar la inteligencia artificial (IA), argumentando que el término actual es 'inexacto' y 'poco elegante'. A principios de este mes, a través de su plataforma Truth Social, el mandatario propuso alternativas como 'inteligencia superior', 'inteligencia extrema' o 'inteligencia suprema'. Tras una encuesta en redes sociales donde sus seguidores optaron por 'Super Intelligence' (SI) con un 65% de los votos frente a un 35% para 'Superior Intelligence', Trump anunció ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que los documentos federales estadounidenses utilizarán oficialmente la nueva denominación.
La comunidad académica ha recibido la propuesta con cautela. Pedro Domingos, profesor de Ciencias de la Computación de la Universidad de Washington, advierte que el término 'superinteligencia' es técnicamente engañoso, ya que se reserva para escenarios futuros donde las máquinas superen al ser humano en todos los ámbitos, algo que los modelos actuales aún no alcanzan. 'La mayor parte de la IA no es superinteligencia, sino simplemente una inteligencia diferente', señaló Domingos, autor del libro The Master Algorithm.
El término original, 'inteligencia artificial', fue acuñado en 1956 en el Dartmouth College, en New Hampshire, para distinguir la creación humana de la natural. Críticos señalan que el cambio de nombre no mitiga los riesgos asociados a la tecnología, como el desplazamiento laboral o la pérdida de control humano. De hecho, el senador independiente por Vermont, Bernie Sanders, presentó recientemente un proyecto de ley para prohibir el desarrollo de una superinteligencia artificial incontrolable y regular los sistemas avanzados.
Desde una perspectiva estratégica, el cambio podría responder a un interés por magnificar las capacidades de las empresas tecnológicas estadounidenses frente a la competencia global, especialmente con China. Aunque Trump firmó una orden ejecutiva para oficializar el uso de la sigla SI tras una cumbre con líderes del sector, la adopción del término por parte de la industria sigue siendo incierta. 'Conociendo la orientación política de gran parte de las personas que trabajan en este sector, es más probable que reaccionen en sentido contrario', concluyó Domingos.


