LONDRES, Reino Unido. — La denominada "Casa de los Secretos" en Trent Park, una elegante propiedad neogeorgiana que perteneció a Sir Philip Sassoon, ha dejado de ser un misterio para convertirse en un museo que documenta una de las operaciones de inteligencia más sofisticadas de la Segunda Guerra Mundial. Tras la muerte de Sassoon en junio de 1939, el gobierno británico tomó el control de la mansión para establecer un Centro de Interrogatorios Detallados de los Servicios Combinados (CSDIC), bajo la dirección de Thomas Kendrick.
La estrategia británica consistió en crear un entorno de lujo diseñado para que los oficiales alemanes de alto rango bajaran la guardia. La mansión estaba equipada con micrófonos ocultos en macetas, lámparas, muebles e incluso en los árboles de los jardines. Los cables de estos dispositivos conducían a las habitaciones "M" en el sótano, donde un equipo de oyentes secretos, muchos de ellos refugiados judíos de habla alemana, registraban las conversaciones privadas de los prisioneros.
Entre los operativos destacados se encontraba Ernst Lederer, quien mantuvo su labor en secreto incluso ante su familia. La información recabada fue crucial para el esfuerzo bélico aliado: en 1941, se interceptaron datos sobre el sistema de navegación por radio Knickebein, y posteriormente, detalles sobre el programa de armas V, incluyendo los cohetes V1 y V2. Esta inteligencia permitió el bombardeo de las instalaciones de Peenemünde en agosto de 1943, lo que retrasó el despliegue de los misiles sobre Londres y, según historiadores como Helen Fry, fue determinante para el éxito del Día D.
Además de los datos tácticos, los oyentes captaron testimonios sobre atrocidades nazis, incluyendo confesiones de crímenes cometidos en campos como Treblinka. Sin embargo, esta información no fue utilizada en juicios posteriores debido a que el gobierno británico buscaba proteger la tecnología y los métodos de espionaje ante la inminente Guerra Fría. El centro continuó operando hasta noviembre de 1945, dejando un legado que, según el director del museo Giuseppe Albano, apenas comienza a comprenderse en su totalidad.


