TAIZ, Yemen. — La ciudad de Taiz, capital cultural y tercer centro urbano más grande de Yemen, se ha convertido en el epicentro de una batalla brutal que amenaza con desestabilizar la seguridad energética global. Tras la ruptura de un alto el fuego que se mantuvo durante cuatro años, las fuerzas hutíes tomaron el 10 de septiembre el estratégico puerto de Mokha, ubicado a 85 km al oeste de Taiz, consolidando su control sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, un corredor marítimo crucial que conecta Europa y Asia.
La situación en el terreno es crítica. En las montañas al suroeste de Taiz, la línea del frente es difusa y está marcada por el uso intensivo de drones y artillería. Un soldado gubernamental relató la imposibilidad de recuperar los cuerpos de 18 compañeros caídos en combate debido a la intensidad del fuego enemigo. Mientras tanto, la población civil sufre las consecuencias directas: el 22 de septiembre, la ONU informó que 130,000 personas han sido desplazadas en lo que va del mes, sumándose a los 5.2 millones de desplazados previos por la guerra civil.
En el hospital Al-Thawra, la unidad de cuidados intensivos se encuentra saturada. Entre los heridos se encuentra Ghana Nabeel, de 12 años, quien sufrió daños cerebrales irreversibles tras el impacto de una esquirla de mortero mientras pastoreaba cabras. Historias como la de Fatma Mohammed Saleh, una mujer con discapacidad que se arrastró durante dos días para escapar de los combates, ilustran el drama humano en los campamentos de desplazados como Al-Monig, donde han llegado 200 familias en los últimos 10 días.
El conflicto, que involucra a fuerzas gubernamentales respaldadas por Arabia Saudita y a combatientes hutíes apoyados por Irán, presenta una complejidad añadida por el reclutamiento de menores. Aunque los hutíes firmaron un plan de acción con la ONU en 2022 para cesar esta práctica, la realidad en el frente sigue siendo devastadora. Ante la advertencia de la ONU de que otras 100,000 personas podrían abandonar sus hogares en los próximos tres meses, la incertidumbre sobre el futuro de la región y el suministro energético mundial permanece latente.


