El peso mexicano atraviesa un nuevo episodio de volatilidad en los mercados financieros. Tras haber iniciado la jornada como la sexta divisa emergente con mayor apreciación frente al dólar, la moneda nacional cedió terreno para cotizar en 18.20 pesos por unidad, presionada por un entorno internacional complejo.
La incertidumbre se ha visto exacerbada por la escalada del conflicto en Medio Oriente, que ha impulsado los precios internacionales del petróleo ante los riesgos de suministro en el estrecho de Ormuz. Según analistas de Actinver, este encarecimiento energético amenaza con elevar los costos de combustibles, transporte y producción empresarial, complicando el panorama inflacionario global.
En el ámbito monetario, Christopher Waller, gobernador de la Reserva Federal (Fed), advirtió este jueves que serán necesarios aumentos adicionales en las tasas de interés para retornar la inflación estadounidense al objetivo del 2%. Aunque aclaró que existe flexibilidad en el calendario de estos ajustes, el mercado reaccionó con nerviosismo. Actualmente, la Fed mantiene su tasa de referencia en un rango de 3.75% a 4%, tras un incremento de 25 puntos base en septiembre, con expectativas de nuevos ajustes antes de finalizar 2026.
Este escenario impacta directamente al mercado de deuda estadounidense, donde los rendimientos de los bonos del Tesoro a 30 años repuntaron antes de una subasta por 22,000 millones de dólares. El aumento en estos rendimientos fortalece al dólar, restando atractivo a monedas emergentes como el peso mexicano. Por su parte, el Banco de México mantiene su tasa de interés en 6.5%, apoyado por una inflación en septiembre que se situó ligeramente por debajo de las expectativas del mercado, lo que otorga margen de maniobra al banco central.
Finalmente, la volatilidad también ha alcanzado a Wall Street, donde los inversionistas ponderan los mayores costos de financiamiento, la inestabilidad geopolítica y el impacto potencial de las tasas elevadas en las valuaciones de las empresas tecnológicas.

