El sistema electoral de Brasil enfrenta nuevamente una campaña de desinformación que busca poner en duda la confiabilidad de las urnas electrónicas. Aunque estas narrativas fueron una constante durante los comicios de 2022, las versiones actuales han evolucionado hacia acusaciones más complejas que involucran supuestas conexiones con Venezuela y Estados Unidos, carentes de sustento probatorio.
El origen de estos cuestionamientos se remonta al gobierno del expresidente Jair Bolsonaro, quien promovió activamente la adopción del voto impreso y puso en duda la integridad de la tecnología electoral. Estas acciones derivaron en una condena por parte de la Justicia Electoral, que declaró al exmandatario inelegible.
Recientemente, la desinformación se ha centrado en la empresa Smartmatic. A través de redes sociales, se han difundido videos que sugieren, sin pruebas, que las urnas brasileñas son vulnerables al fraude basándose en un informe de inteligencia de Estados Unidos de este año. Dicho documento menciona el interés de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en manipular sistemas electorales, incluyendo posibles conversaciones con Smartmatic. Ante esto, la Justicia Electoral de Brasil ha sido enfática al aclarar que nunca ha utilizado urnas ni software desarrollados por dicha compañía, la cual solo prestó servicios de comunicación de datos y voz en procesos anteriores.
A pesar de las aclaraciones oficiales, figuras políticas como el senador Flávio Bolsonaro han contribuido a la difusión de estas versiones. En julio, el legislador afirmó que las máquinas brasileñas tendrían el mismo origen que las vinculadas a denuncias en Venezuela, aunque posteriormente emitió un comunicado asegurando que no cuestionaba la integridad del sistema electoral. Otras falsedades desmentidas incluyen supuestos hackeos, la existencia de candidatos "secretos" y el uso de inteligencia artificial para alterar votos.
Para contrarrestar estas narrativas, la Justicia Electoral ha intensificado sus esfuerzos de transparencia, llegando a desmontar una urna electrónica en una transmisión nacional para explicar sus capas de seguridad. El sistema brasileño, reconocido internacionalmente, acumula décadas de uso sin que se haya registrado un solo fraude comprobado que alterara los resultados electorales.


