El historiador Pedro Salmerón Sanginés ha cuestionado recientemente la persistencia de mitos históricos sobre Tlaxcala, particularmente la idea de que el estado es el más pequeño de la Federación como un castigo por su alianza con Hernán Cortés. Según Salmerón, esta narrativa ha sido difundida por figuras como Zunzunegui, cuyas interpretaciones han sido objeto de críticas por parte de especialistas como Harim B. Gutiérrez.
Salmerón explica que, en 1519, la configuración territorial era distinta. Los señoríos otomíes de Apan, en Hidalgo, y Calpulalpan —transferido del Estado de México a Tlaxcala en 1863 y de manera definitiva en 1874— eran tributarios de Texcoco y rivales de Tlaxcala. Asimismo, el historiador subraya que la idea de los tlaxcaltecas como 'traidores' es una construcción selectiva, dado que otros grupos como los acolhuas o xochimilcas, aliados inicialmente de Tenochtitlan, cambiaron de bando durante la guerra en 1521 sin recibir el mismo estigma.
El autor argumenta que la noción de un 'imperio azteca' fue una invención de Hernán Cortés, plasmada en su segunda carta fechada el 30 de octubre de 1520 en Segura de la Frontera (Tepeaca), con el fin de legitimar sus acciones ante el rey Carlos I de España. Esta visión fue posteriormente replicada por cronistas como Bernal Díaz del Castillo y autores como fray Juan de Torquemada, Hugh Thomas, Clavigero, Chavero, Octavio Paz y Miguel León Portilla.
Salmerón concluye que para superar la ideología nacionalista heredada del porfiriato y del PRI, es necesario reconocer que México no posee un origen único, sino múltiples, y que la historia no sigue una ruta predeterminada, sino que es una construcción social compleja.
