CIUDAD DE MÉXICO. — Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha puesto de relieve la disparidad en la seguridad hospitalaria a nivel global. Según el Informe mundial sobre prevención y control de infecciones 2024, las infecciones asociadas a la atención de salud (IAAS) afectan al doble de pacientes en países de ingresos medios y bajos en comparación con las naciones de ingresos altos. El documento detalla que, mientras en los países desarrollados la tasa es de siete por cada 100 pacientes, en las regiones con menores recursos la cifra asciende a 15 personas internadas.
El impacto es particularmente severo en las unidades de cuidados intensivos, donde el 30 por ciento de los pacientes pueden verse afectados. En los países en desarrollo, la incidencia en estas áreas es entre 2 y 20 veces mayor que en los países de ingresos altos, con una vulnerabilidad extrema en neonatos. La OMS estima que, de no fortalecerse las estrategias de prevención y control, hasta 3.5 millones de pacientes podrían fallecer anualmente a causa de estas infecciones, las cuales son identificadas como el principal motor de la resistencia a los antimicrobianos. No obstante, la organización subraya que la implementación de medidas adecuadas podría evitar hasta 821 mil muertes al año para 2050.
En el contexto mexicano, el infectólogo y alergólogo pediatra Gerardo López cuestionó la claridad de los datos locales. Al referirse al informe de la Red Hospitalaria de Vigilancia Epidemiológica de 2025, que reportó 6.8 infecciones por cada mil días de estancia, el especialista calificó la medición como “confusa”. López enfatizó que el riesgo de infección intrahospitalaria está intrínsecamente ligado a la condición de base del paciente, afectando principalmente a personas con cáncer, condiciones autoinmunes, diabetes, problemas metabólicos, pacientes trasplantados y recién nacidos prematuros o de bajo peso.
El especialista, con una trayectoria de 20 años en el Hospital General de México y 35 años en el Instituto Nacional de Pediatría, señaló que la higiene de manos del personal médico es un factor determinante que podría prevenir hasta el 90 por ciento de las infecciones. Sin embargo, denunció carencias estructurales graves: “no hay jabón en los hospitales para que los médicos se laven las manos”. Asimismo, advirtió sobre prácticas riesgosas como la reutilización de materiales desechables y la improvisación en canalizaciones intravenosas por falta de catéteres adecuados para la edad y peso de los pacientes. “No es nada más falta de insumos o mala pericia médica o de atención, son muchos elementos, incluyendo la condición de ingreso del paciente”, concluyó.
