La guerra en Ucrania ha entrado en una fase de escalada crítica donde la capital, Kyiv, se ha convertido en un frente de batalla constante. Según Peter Dickinson, del Atlantic Council, la ciudad es ahora tan peligrosa como las zonas de primera línea, debido a una campaña deliberada de ataques rusos contra infraestructura civil, incluyendo escuelas, hospitales, hoteles y puentes vitales como los que cruzan el río Dniéper.
El Ministerio de Defensa ruso sostiene que sus ataques se dirigen exclusivamente a instalaciones militares y de la industria de defensa. Sin embargo, el Comisionado de Derechos Humanos del Parlamento ucraniano, Dmytro Lubinets, reportó que entre enero y agosto se registraron 15,280 bajas civiles, un incremento del 55% respecto al mismo periodo del año anterior. Un ataque reciente dejó al menos 25 muertos, incluyendo niños, según confirmó el presidente Volodymyr Zelensky.
La estrategia, descrita por expertos como el profesor Phillips O'Brien de la Universidad de St Andrews, busca presionar al gobierno ucraniano mediante el terror y la incertidumbre. Zelensky ha señalado que, tras no lograr la ocupación, Putin busca hacer que Ucrania sea "lo más invivible posible", especialmente ante la proximidad del invierno, donde las temperaturas pueden descender hasta los -20 °C. El impacto económico es severo: el ministro de Economía y Medio Ambiente, Oleksandr Kravchenko, estima que cada hora de alerta antiaérea cuesta al país unos 45 millones de dólares.
El desafío para Ucrania se agrava por la escasez de municiones para sus sistemas de defensa aérea Patriot. Mientras tanto, Rusia ha incrementado el uso de drones de propulsión a chorro, más rápidos y difíciles de interceptar. Según Yuriy Ihnat, portavoz de la Fuerza Aérea ucraniana, Rusia envió 2,850 de estos drones en agosto y 3,177 adicionales hasta el 29 de septiembre. Aunque empresas ucranianas trabajan en soluciones tecnológicas, el analista militar Oleksandr Kovalenko advierte que Rusia no ha reducido su capacidad de producción de misiles.
Para el general australiano retirado Mick Ryan, estos ataques reflejan la incapacidad de Rusia para lograr progresos territoriales significativos desde el inicio de la invasión en febrero de 2022. La campaña, calificada por analistas como tácticas de terror, busca forzar a la población a huir y presionar al gobierno hacia una capitulación, aunque hasta el momento no se ha registrado un éxodo masivo de la capital.


