Nike, la marca que durante décadas definió el estándar de la ropa deportiva global, atraviesa uno de los periodos más complejos de su historia. Bajo la dirección de Elliott Hill, quien regresó del retiro hace dos años para tomar las riendas de la compañía, el gigante estadounidense intenta revertir una tendencia negativa que ha erosionado su dominio en el mercado.
Los problemas de la empresa se han manifestado en indicadores financieros preocupantes. La compañía reportó ingresos trimestrales de 11,000 millones de dólares, cifra que no alcanzó las expectativas de los analistas. Además, la marca fue excluida el mes pasado del índice bursátil S&P 100. La situación en mercados clave como China es crítica, con una caída en los ingresos del 26%, lo que ha obligado a la firma a implementar un plan de ahorro de 2,500 millones de dólares para 2031, medida que incluye recortes de personal.
El analista Matt Powell señala que Nike cometió errores estratégicos fundamentales, como priorizar las ventas directas en línea sobre sus socios minoristas y descuidar la innovación de producto en favor de operaciones digitales. "Realmente frenaron su capacidad de innovación en productos. Alguien dijo en broma que estaban intentando convertir a Nike en eBay", comentó Powell. Esta gestión, marcada por el periodo de John Donahoe, permitió que marcas como On y Hoka ganaran terreno rápidamente.
La fuga de talento también ha golpeado la imagen de la marca. La semana pasada, Kylian Mbappé finalizó su relación de 20 años con Nike para unirse a la firma suiza On, siguiendo los pasos de otros atletas que buscan nuevos horizontes. Aunque Nike mantiene acuerdos con figuras como Michael Jordan, Cristiano Ronaldo y Rory McIlroy, la salida de estrellas como Mbappé y Lamine Yamal —quien fichó por Adidas— plantea dudas sobre su capacidad para conectar con las nuevas generaciones.
"No es el futuro ni el presente y eso es lo que impulsa las ventas de ropa hoy en día", advirtió Tim Derdenger, académico especializado en marketing. A pesar de este panorama, expertos como Powell consideran que Nike no está derrotada. El plan de recuperación, denominado 'Sport Offense', busca estabilizar la marca Jordan —que ha sufrido por una sobreproducción de calzado retro— y recuperar la rentabilidad, aunque el camino hacia la recuperación total se perfila como un proceso lento y exigente.


