El sistema energético mexicano enfrentó recientemente una situación crítica debido a una disminución en el suministro de gas natural importado desde Estados Unidos. Durante un periodo de 10 días, comprendido entre el martes 24 de septiembre y el domingo 4 de octubre, el flujo de gas se redujo en una quinta parte de lo que habitualmente se recibe a través de los gasoductos nacionales.
La Secretaría de Energía (Sener) aclaró que esta restricción no respondió a cambios en la política pública ni a tensiones en la relación bilateral, sino a trabajos de mantenimiento programado en la infraestructura de Texas, específicamente en el punto de inyección conocido como Ramones. Esta medida afectó entre 950 millones y 1,350 millones de pies cúbicos diarios. Adicionalmente, un evento imprevisto en la estación de compresión El Paso C, operada por El Paso Natural Gas Company (EPNG), complicó aún más el suministro, lo que obligó a las autoridades mexicanas a activar alertas críticas y protocolos de coordinación entre Pemex, CFE, Cenace y Cenagas.
Gracias a la intervención del comité operativo, el flujo se mantuvo manejable durante cinco días, logrando levantar la alerta el domingo por la noche. A pesar de la resolución del evento, expertos como Stephan Mothe, de BloombergNEF, advierten que la vulnerabilidad energética de México es creciente. Se estima que la dependencia de las importaciones estadounidenses, que se situó en 70% en 2025, podría escalar hasta un 80% o 84% para el año 2030.
Ante este panorama, el funcionario Cuitláhuac García ha subrayado la urgencia de desarrollar sistemas de almacenamiento de gas natural. El plan, aún pendiente de anuncio formal, contempla alcanzar reservas para 10 días bajo un criterio regional, con el fin de blindar las cadenas de suministro en las zonas norte, centro y sur del país frente a contingencias externas.

