México se encuentra ante el desafío de transformar sus hábitos financieros mediante una nueva iniciativa que busca masificar los pagos digitales en el país. Aunque el territorio nacional ya cuenta con herramientas como el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI), CoDi y DiMo, el objetivo actual es lograr que comercios, prestadores de servicios y autoridades habiliten y promuevan activamente estos medios de pago.
El referente principal para esta transición es el sistema Pix de Brasil, lanzado en noviembre de 2020. El éxito brasileño es notable: en 2025, Pix procesó casi 80,000 millones de transacciones por un valor superior a los 35 billones de reales, contando con 148 millones de personas físicas y 12.8 millones de empresas usuarias. Para enero de 2026, la cifra de personas físicas superó los 170 millones, concentrando en el segundo semestre de 2025 el 54.7% del total de las transacciones de pago en el país sudamericano.
Felipe Vallejo, presidente de Fintech México, señaló que la experiencia brasileña ofrece lecciones clave: la necesidad de estímulos estructurados, una autoridad monetaria con capacidad técnica y la combinación de obligaciones con incentivos. Según Vallejo, la adopción de Pix fue obligatoria, lo que inicialmente generó rechazo pero resultó en una efectividad comprobada. "No hay otra forma de cambiar comportamientos. En Brasil se cambiaron así, en China se cambió así, en India se cambió así", afirmó.
El panorama en México muestra un rezago en la adopción. CoDi, lanzado en septiembre de 2019, acumulaba a julio de 2026 un total de 23.2 millones de cuentas validadas, lejos de la meta original de 37 millones. En términos de volumen, la plataforma registra 21.5 millones de transacciones y 20,263 millones de pesos movilizados, cifras que contrastan con las más de 7,000 millones de operaciones procesadas por Pix solo en enero de 2026. Por su parte, DiMo, lanzado en 2023, cuenta con 11 millones de teléfonos vinculados.
Ante este escenario, José Antonio Peña Merino, titular de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, ha planteado la necesidad de simplificar la experiencia de usuario y aprovechar la infraestructura de SPEI y CoDi. La estrategia contempla facilitar la apertura digital de cuentas y ampliar la aceptación de pagos electrónicos, superando retos como la complejidad técnica de las aplicaciones y el temor de los usuarios a un mayor control fiscal por parte del SAT.

