Kassandra Bacon, de 44 años, dio la bienvenida a su hijo Landon el mes pasado, marcando un hito médico al convertirse en madre gracias a un trasplante de tejido ovárico que permaneció congelado durante 23 años. La historia de Bacon comenzó a los 17 años, cuando fue diagnosticada con linfoma de Hodgkin. Tras una recaída un año después, los médicos le indicaron un tratamiento de quimioterapia agresivo que ponía en riesgo su fertilidad futura.
Ante la urgencia del tratamiento, Bacon optó por un procedimiento experimental en aquel momento: la extirpación y congelación de tejido ovárico, ya que no contaba con el tiempo necesario para el protocolo estándar de congelación de óvulos. La doctora Sara Matthews, una de las pocas cirujanas en el Reino Unido capacitadas para esta intervención, realizó la extracción de cuatro biopsias. Años después, tras superar el cáncer pero enfrentar una menopausia precoz a los 33 años, Bacon inició una búsqueda de una década para realizar el trasplante.
El proceso enfrentó desafíos legales y logísticos, culminando en la derivación al Centro Médico Sheba en Ramat Gan, Israel. El conflicto bélico iniciado el 7 de octubre de 2023 retrasó la intervención, la cual finalmente pudo concretarse en mayo de 2024 durante un alto el fuego temporal. Tras el trasplante, Bacon recuperó su ciclo menstrual y, mediante tres rondas de fecundación in vitro, logró un embarazo exitoso, confirmando la noticia el día de Navidad de 2025.
Este caso es considerado uno de los primeros nacimientos a partir de tejido ovárico almacenado por más de dos décadas. Según estudios, el trasplante de tejido ovárico restablece el ciclo reproductivo en hasta el 94% de los casos, con una tasa de nacimientos vivos cercana al 28%. Bacon, quien lleva 25 años libre de cáncer, reflexiona sobre su determinación adolescente: "Mi cuerpo, que era muy fértil a los 19 años, me devolvió la vida a los 43".


