Mucho antes de que Cristóbal Colón arribara a las Bahamas el 12 de octubre de 1492, navegantes nórdicos ya habían cruzado el Atlántico. A diferencia de la expedición española, los vikingos no realizaron un viaje directo, sino que utilizaron Islandia y Groenlandia como escalas estratégicas para sus exploraciones.
La evidencia de estos viajes se encuentra en las sagas nórdicas, relatos épicos que han sido validados como fuentes históricas. Un documento clave es el 'Flateyjarbók' (Libro de la isla de Flatey), un manuscrito del siglo XIV que detalla el asentamiento en Groenlandia y los intentos de colonización en Norteamérica. En 1893, este libro fue tan codiciado que los organizadores de la Exposición Universal de Chicago ofrecieron un buque de guerra y un tren blindado para su traslado, además de un seguro por un millón de dólares, aunque Dinamarca declinó la petición.
En 1960, se confirmó la presencia nórdica con el hallazgo de un campamento en L'Anse aux Meadows, Terranova, Canadá. Investigaciones realizadas en 2021, mediante técnicas de datación avanzadas, ratificaron que el sitio fue ocupado hace mil años. Según las sagas, los vikingos exploraron diversas regiones: Helluland (la tierra de las losas, en la isla de Baffin), Markland (la tierra de los bosques, en Labrador) y Vinland (la tierra de las vides).
La historiadora Kirsten Seaver señala que, para 1480, ya existían intentos de navegación directa hacia lo que llamaban la 'isla de Brasil'. Incluso, existe correspondencia de 1497-1498 donde John Day informa a Colón sobre los viajes de John Cabot, mencionando que navegantes de Bristol ya conocían las rutas hacia el norte. Algunos expertos sugieren que Colón pudo haber evitado deliberadamente estas tierras, buscando una ruta hacia las riquezas del Lejano Oriente en lugar de las costas norteamericanas ya exploradas por los europeos siglos atrás.


