La comunidad científica internacional se encuentra ante un fenómeno sin precedentes: una serie de ataques coordinados donde las orcas han comenzado a depredar sistemáticamente a grandes tiburones blancos. El patrón, observado inicialmente en Sudáfrica, se caracteriza por una precisión quirúrgica: los tiburones aparecen con el vientre desgarrado y la ausencia total de su hígado, un órgano altamente nutritivo que representa hasta el 28% de su peso corporal.
El 3 de mayo de 2017, en Gansbaai, Sudáfrica, se halló un ejemplar hembra de 1,100 kg con una herida abierta y la falta de su hígado de 90 kg. Alison Towner, bióloga de la Universidad de Rhodes, quien dirigió la necropsia, señaló que tras este hallazgo aparecieron otros cinco tiburones con las mismas lesiones. Las investigaciones apuntaron a un par de orcas macho conocidas como 'Puerto' y 'Estribor', identificadas por sus aletas dorsales caídas. En junio de 2023, se documentó a 'Estribor' cazando en solitario a un tiburón joven de 2.5 metros en menos de dos minutos.
El fenómeno se extiende a otras latitudes. En el golfo de California, México, el biólogo Erick Higuera documentó cómo la 'manada Moctezuma' utiliza una técnica de inmovilidad tónica: al voltear al tiburón sobre su costado, el animal entra en un estado de parálisis temporal que permite a las orcas extraer el hígado sin riesgo de contraataque. Asimismo, en octubre de 2023, se confirmó la primera depredación de este tipo en aguas australianas tras analizar ADN de orca en los restos de un tiburón de 4.7 metros.
Este comportamiento está alterando los ecosistemas marinos. En lugares como la bahía de False, en Sudáfrica, o las islas Farallón, en California, la presencia de orcas ha provocado que los tiburones abandonen sus zonas de agregación habituales. Según Towner, este desplazamiento genera un efecto dominó: al desaparecer el gran tiburón blanco, otras especies como los lobos marinos y tiburones de menor tamaño aumentan su población, mientras que especies en peligro, como los pingüinos africanos, quedan más expuestos a la depredación de otros escualos que ocupan el vacío dejado por los grandes blancos.


