En un futuro cercano ambientado en Hamburgo, donde robots humanoides pasean perros y se encargan de la logística cotidiana, la directora Doris Dörrie sitúa su más reciente obra cinematográfica, 'Frau Winkler lässt das Haus' ('La señora Winkler sale de casa'). La trama sigue a una mujer de la tercera edad que, tras sufrir una caída, pierde su autonomía, lo que la lleva a depender de un robot de asistencia equipado con un programa EOL ('End of Life Mode'). Este sistema no solo ofrece apoyo diario, sino que facilita la asistencia para una muerte digna bajo criterios médicos específicos y previa solicitud del usuario.
Dörrie, reconocida por éxitos como 'Hombres, hombres' (1985) y 'Las flores del cerezo', utiliza esta narrativa para cuestionar los desafíos de las sociedades envejecidas, como las de Alemania, Japón y China. En entrevista, la cineasta reflexiona sobre la carga económica del cuidado de los mayores y la presión social que esto genera, comparándolo con la leyenda japonesa de Narayama. "¿Podemos siquiera permitirnos que las personas mayores vivan más tiempo?", cuestiona la directora, subrayando la ambivalencia de una IA que puede ser tanto un apoyo vital como un instrumento de presión económica.
La película también aborda la facilidad con la que los humanos establecen vínculos emocionales con las máquinas. "Consideramos que todo lo que se mueve y habla es un ser vivo. Es inevitable", señala Dörrie. Para la cineasta, la diferencia fundamental entre humanos y robots reside en el concepto del juego, el cual carece de un propósito o significado utilitario. Ante el avance tecnológico, Dörrie enfatiza la urgencia de establecer regulaciones internacionales, comparando el reto actual con la gestión histórica de las armas nucleares.


