Desde que Alfred Nobel estableció en su testamento de 1895 la entrega de un galardón para quienes proporcionaran el mayor beneficio a la humanidad, la presencia femenina ha sido minoritaria. En las categorías de Medicina, Física, Química y Economía —esta última entregada desde 1969—, se han concedido 769 reconocimientos individuales entre 1901 y 2026. De ellos, solo 30 han sido otorgados a mujeres, lo que equivale al 3,9% del total. La reciente entrega del Nobel de Economía confirmó que, en el presente año, todos los premios científicos fueron adjudicados a hombres.
La Real Academia de las Ciencias de Suecia y la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska han enfrentado críticas constantes por este desequilibrio. En 2018, la organización implementó cambios en su proceso de nominación para mitigar sesgos, año en que Donna Strickland ganó el Nobel de Física y Frances H. Arnold el de Química. Göran Hansson, exsecretario general de la Real Academia de las Ciencias de Suecia, señaló en 2021 que el problema es previo a la premiación: "No podemos premiar a alguien que no ha sido nominado".
El proceso de selección, que incluye formularios confidenciales enviados a expertos y la evaluación de entre 250 y 350 candidatos preliminares, ha sido cuestionado por su falta de transparencia, dado que las nominaciones permanecen secretas durante 50 años. Casos históricos como el de la física Lise Meitner, quien recibió más de 49 nominaciones pero fue excluida del Nobel de Química de 1944 —otorgado solo a su colega Otto Hahn—, ilustran esta problemática.
Expertas como la física Liselotte Jauffred, de la Universidad de Copenhague, sostienen que los comités no actúan necesariamente con un sesgo consciente, sino que el resultado es el reflejo de un sistema que perjudica a las mujeres desde etapas tempranas. Según datos de la UNESCO, las mujeres representan solo el 35% de los graduados en carreras STEM a nivel mundial. Factores como el "efecto Matilda", la falta de acceso a financiamiento, los roles de cuidado y la dificultad para alcanzar posiciones de liderazgo contribuyen a esta disparidad. Aunque la representación de mujeres en academias nacionales de ciencias subió del 12% en 2015 al 19% en 2025, las especialistas coinciden en que la solución no radica en cuotas, sino en cambios sociales profundos y en la promoción de la igualdad desde la educación básica.


