La Asamblea General de la ONU, concebida como el foro principal para la diplomacia internacional, se convirtió la semana pasada en un espacio de alta tensión política. Durante las sesiones, Donald Trump y Benjamin Netanyahu utilizaron la tribuna para exponer sus posturas, lo que derivó en actos de protesta simbólica por parte de diversos representantes internacionales.
Donald Trump, durante su intervención, lanzó advertencias contra Irán, país al que amenazó con la aniquilación, y calificó al presidente venezolano Nicolás Maduro como "dictador forajido". Ante las declaraciones sobre Cuba, donde el exmandatario estadounidense vaticinó la caída del gobierno, la delegación cubana optó por abandonar el recinto. Este gesto fue descrito como una forma de "desobediencia simbólica", emulando la postura histórica de Raúl Roa en 1960, al negarse a legitimar el discurso con su presencia.
Por su parte, Benjamin Netanyahu enfrentó un escenario de rechazo masivo. Según reportes del Canal 12 de Israel, 77 delegaciones se retiraron de la sala al momento de su intervención, dejando el recinto casi vacío. En contraste, la delegación iraní colocó una fotografía del teniente general Qasem Soleimani, asesinado en Bagdad en 2020 bajo órdenes de Trump, en su asiento vacío.
El contexto de estas participaciones estuvo marcado por acusaciones de crímenes de lesa humanidad y el cuestionamiento sobre la efectividad de la ONU. Mientras se permitía el uso de la tribuna a Netanyahu, señalado por las operaciones en Gaza que han resultado en la muerte de 75 mil civiles según cifras citadas, se reportó que al representante de la Autoridad Palestina se le negó la visa para asistir al evento, contraviniendo las obligaciones del estado huésped.


