La relación entre la República de Irlanda e Israel atraviesa un momento de alta tensión, marcado por una retórica política contundente y el reciente cierre de la embajada israelí en Dublín en diciembre de 2024. El ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Sa'ar, justificó la medida acusando a Irlanda de promover políticas extremas y una retórica que calificó de antisemita, señalando que el país ha cruzado todas las líneas rojas en sus vínculos diplomáticos.
El origen de esta fricción es multifacético. El 5 de noviembre de 2023, el entonces ministro israelí de Patrimonio, Amichai Eliyahu, sugirió que lanzar una bomba nuclear sobre Gaza era una opción y, al ser cuestionado sobre el destino de los palestinos, respondió: "Ellos pueden ir a Irlanda o a los desiertos". Esta mención no fue casual, dado que Irlanda ha sido una de las naciones europeas con mayor respaldo público a la causa palestina. En enero de 2025, el gobierno irlandés se sumó formalmente al caso de "genocidio" presentado por Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia.
Para académicos como Miceal Canavan, de la Universidad de Queens en Belfast, y Liam Kneafsey, del Trinity College de Dublín, el caso irlandés es atípico. Un estudio realizado por ambos, con una muestra de 1.500 personas, reveló que el 76% de la población irlandesa considera que el conflicto palestino-israelí es un tema de gran importancia, una cifra inusualmente alta para un país sin vínculos étnicos, religiosos o económicos directos con la región.
La explicación, según los investigadores, reside en la "lente de la historia". Los irlandeses trazan paralelismos entre su propia experiencia de colonización británica, la gran hambruna del siglo XIX y la partición de la isla en 1920-1922, con la situación actual de los palestinos. "Existe una narrativa histórica de desposesión, transferencia de tierras y desplazamiento de la población nativa", explica Kneafsey. Este sentimiento es compartido mayoritariamente en la República de Irlanda, mientras que en Irlanda del Norte la opinión se divide según las líneas tradicionales entre nacionalistas católicos, que simpatizan con los palestinos, y unionistas protestantes, que se identifican con el Estado de Israel.
Aunque figuras como el exembajador Mark Regev han criticado esta visión como una "lente distorsionada", el apoyo a Palestina en Irlanda trasciende las diferencias partidistas. Por su parte, Yanky Fachler, presidente de la Sociedad Histórica Judía de Irlanda, advierte que, a pesar de la ausencia de un antisemitismo respaldado por el Estado, la comunidad judía local —que hoy cuenta con unos 2.500 miembros— percibe una creciente inseguridad en el clima social actual.


