La transición generacional en las empresas familiares representa uno de los retos más críticos para la continuidad de los negocios en México. Ricardo Aparicio, director del Centro de Investigación para Familias de Empresarios del IPADE, enfatizó que los fundadores suelen cometer el error de asumir que las habilidades directivas se transmiten por lazos sanguíneos, cuando en realidad requieren años de formación y experiencia técnica.
Durante la presentación de un estudio sobre el tema, el especialista subrayó que una sucesión bien ejecutada requiere, en promedio, una década de trabajo. "La transición de una dirección general es un proceso que puede llevar rápido cinco años bien hecha y con calma, normalmente son 10", puntualizó Aparicio. Citando a su colega José Antonio Dávila, el experto fue contundente: "Se puede heredar la empresa, pero no se puede heredar la capacidad de hacer fortuna".
El riesgo de postergar la sucesión es alto. Aparicio advirtió que cuando los fundadores mantienen el control hasta edades avanzadas, como los 85 o 90 años, el relevo generacional ocurre cuando los hijos ya están próximos al retiro. Esto ha llevado a que algunas familias consideren directamente a los nietos para la dirección. Ante la posibilidad de que el sucesor elegido decida emprender por cuenta propia o cambiar de rumbo profesional, el especialista recomendó formar a más de un candidato para evitar la falta de margen de maniobra.
Para profesionalizar este proceso, el IPADE sugiere el uso de consejos de administración con participación real en la toma de decisiones. Según Aparicio, un consejo potente permite "elegir a la persona más capaz, no a quien tú más quieres o a tu consentido o consentida".
Las cifras actuales reflejan un área de oportunidad significativa: solo el 7% de las firmas familiares en México cuenta con un nivel óptimo de institucionalización, mientras que el 64% requiere trabajar intensamente en el desarrollo de estructuras que permitan a la empresa operar sin depender exclusivamente de una o pocas personas. La recomendación final para los herederos es definir con claridad si desean dirigir, participar como propietarios o desarrollar carreras externas, evitando así que su futuro profesional quede sujeto a una espera indefinida.

