El pasado 3 de octubre se cumplió un aniversario más del fallecimiento de Hugo Zemelman, figura clave del pensamiento latinoamericano cuya obra sigue desafiando la forma en que comprendemos nuestro entorno. Nacido en Concepción, Chile, en 1931, Zemelman se formó en derecho y sociología, consolidando una trayectoria académica fundamental en México tras su salida de Chile tras el golpe de Estado de 1973. Durante su estancia en el país, colaboró estrechamente con instituciones de prestigio como El Colegio de México, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).
La investigación de Zemelman abarcó una amplia gama de temas, desde movimientos sociales y problemas agrarios hasta la educación y la epistemología. Su tesis central advertía sobre el desfase entre las teorías preestablecidas y la realidad dinámica, argumentando que a menudo intentamos explicar sociedades en transformación con categorías obsoletas. Este fenómeno es particularmente visible en el ámbito educativo, donde las políticas y evaluaciones estandarizadas suelen ignorar las particularidades de contextos diversos, como la diferencia entre una escuela rural y una urbana.
Para el académico, las teorías deben ser herramientas de comprensión y no moldes rígidos a los que la realidad deba ajustarse. Zemelman enfatizaba la importancia de recuperar al sujeto en la historia, advirtiendo que detrás de cada cifra, porcentaje o estadística existen personas y experiencias que no pueden reducirse a una tabla. "El conocimiento necesita tener pertinencia histórica", señalaba, subrayando que una explicación puede ser rigurosa pero insuficiente si ignora las condiciones particulares de los individuos.
En una era dominada por la inmediatez, los algoritmos y la inteligencia artificial, el llamado de Zemelman a detenerse a pensar cobra un nuevo sentido. Según el docente Pablo Martínez, la mejor forma de honrar su legado no es la repetición de sus conceptos, sino la práctica de observar el presente con atención, reconociendo que la realidad siempre supera a las explicaciones construidas sobre ella.

