Un equipo de arqueólogos ha identificado lo que podría ser la evidencia más antigua de violencia interpersonal letal mediante el uso de lanzas de madera. El hallazgo se centra en un individuo neandertal, denominado Shanidar A, cuyos restos fueron recuperados en una cueva del Kurdistán iraquí. El análisis reveló un orificio de 15 mm en el omóplato izquierdo, el cual, según los investigadores, presenta características circulares que no corresponden a fracturas naturales, sino a impactos provocados por armas de madera afiladas.
La doctora Emma Pomeroy, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Cambridge y autora principal del estudio publicado en la revista Scientific Reports, señaló que el ángulo de la herida sugiere que la lanza atravesó el cuerpo, dañando órganos vitales como el pulmón y vasos sanguíneos importantes. "El lanzamiento mortal pudo haber sido intencionado y dirigido al corazón", declaró Pomeroy a la prensa.
Aunque existe la posibilidad de que la lesión fuera producto de un accidente de caza o un incidente fortuito, expertos como el profesor Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, consideran que un ataque de un rival es la explicación más plausible dada la ubicación y extensión de la herida. Este caso se suma a otros hallazgos, como el registrado en 1957 en la misma cueva, donde se encontraron restos de un neandertal de hace 50,000 años con costillas heridas, posiblemente por una lanza con punta de piedra.
El debate sobre la violencia en la prehistoria se ha intensificado tras estudios como el de 2022 en la "Sima de los Huesos", en el norte de España. En dicho yacimiento, el análisis de cráneos de hace 430,000 años reveló 57 lesiones en 20 individuos, con fracturas craneales repetitivas que sugieren actos de violencia deliberada. Estos hallazgos contradicen la teoría tradicional que vinculaba la violencia organizada exclusivamente con el surgimiento de la agricultura, demostrando que los homicidios individuales tienen raíces mucho más profundas en la historia humana.


