El pasado jueves 1 de octubre de 2026, el gobierno de Eritrea oficializó la ruptura de sus relaciones diplomáticas con Etiopía. Esta decisión surge como una medida recíproca ante la determinación del Ejecutivo etíope de declarar persona non grata a diez diplomáticos eritreos y clausurar su embajada en Asmara, la capital eritrea.
En un comunicado oficial, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Eritrea calificó las acusaciones de hostilidad emitidas por Adís Abeba como "asombrosas" e "injustificadas", denunciando que Etiopía mantiene una política equivalente a una "declaración de guerra". Según las autoridades eritreas, el gobierno etíope tendría intenciones de obtener un "acceso soberano al mar" mediante una posible invasión de puertos y zonas costeras de Eritrea. Asimismo, Asmara acusó a Etiopía de entrenar y armar a grupos de oposición eritrea con el objetivo de promover un "cambio de régimen".
Por su parte, el gobierno de Etiopía otorgó un plazo de 48 horas a los diplomáticos eritreos, incluyendo a aquellos acreditados ante la Unión Africana, para abandonar el territorio nacional, bajo el argumento de que realizaban actividades que amenazaban la seguridad del Estado. Adís Abeba sostiene que Eritrea respalda a los rebeldes del Tigré, quienes han intensificado sus ataques contra las fuerzas federales con el fin de derrocar al primer ministro Abiy Ahmed.
Este quiebre diplomático marca el fin del proceso de acercamiento iniciado en 2018, año en que se reabrió la embajada etíope tras dos décadas de congelamiento derivadas de la guerra fronteriza de 1998-2000. Dicho acercamiento fue el motivo por el cual el primer ministro Abiy Ahmed fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz.


