La noche del jueves 1 de octubre de 2026, Pakistán ejecutó una serie de ataques aéreos contra diversos objetivos en Afganistán, marcando un punto crítico en la escalada de violencia que se ha intensificado desde mediados de septiembre. Las versiones sobre el saldo de los bombardeos son contradictorias: mientras los talibanes afganos reportan la muerte de entre nueve y diez civiles, incluyendo mujeres y niños, las autoridades paquistaníes sostienen haber neutralizado a 22 milicianos y destruido depósitos de armas y municiones.
El conflicto se reavivó tras un atentado el 18 de septiembre en un recinto policial en la ciudad de Kohat, Pakistán, que dejó un saldo de 31 muertos y más de 100 heridos. El grupo Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), conocido como los "talibanes paquistaníes", se atribuyó la responsabilidad. Pakistán acusó a Kabul de albergar a los atacantes, lo que derivó en una operación armada fronteriza y los posteriores bombardeos.
Expertos como Conrad Schetter, director del Centro Internacional de Estudios de Conflictos de Bonn (BICC), señalan que la relación entre el TTP y los talibanes afganos es compleja debido a vínculos personales y redes de apoyo forjadas durante la insurgencia contra tropas internacionales. Sin embargo, Thomas Ruttig, codirector de Afghanistan Analysts Network, subraya que los talibanes afganos no aceptan órdenes de Islamabad, lo que ha frustrado la estrategia paquistaní de ganar influencia en la región.
La disputa también está marcada por la Línea Durand, trazada en 1893, que divide la región natal de los pashtunes y genera tensiones étnicas y nacionalistas. Además, la rivalidad histórica entre Pakistán e India complica el panorama, ya que India ha fortalecido sus lazos con los talibanes, dejando a Pakistán en una posición estratégica debilitada.
Ante esta situación, Islamabad ha recurrido a presiones económicas, incluyendo el cierre de fronteras y la repatriación de refugiados afganos. La tensión aumentó a finales de septiembre, cuando Kabul informó haber abatido a 28 combatientes y capturado a 32 que presuntamente se infiltraron desde la provincia paquistaní de Nuristán. Mientras Chatham House advierte sobre una escalada significativa que podría derivar en una confrontación directa entre Estados, analistas como Saqib Ali Khan sugieren la apertura de canales de negociación y una mayor integración económica para estabilizar la región.


