La tensión en la península coreana ha alcanzado un nuevo nivel tras el anuncio de Corea del Norte, el miércoles 14 de octubre, sobre la prueba de dos tipos de misiles de crucero lanzados desde submarinos frente a su costa este. Este movimiento ocurrió apenas un día después de que la agencia estatal KCNA informara que el líder Kim Jong-un visitó un nuevo museo de la industria de defensa, donde exhibió un misil balístico intercontinental diseñado para alcanzar territorio continental de Estados Unidos.
Esta actividad norcoreana se registró cinco días después de que el presidente surcoreano, Lee Jae-myung, presenciara el lanzamiento de prueba del primer misil hipersónico desarrollado por su país. Previamente, el 3 de octubre, Pyongyang había reportado la prueba de un misil hipersónico de alcance intermedio que recorrió 350 kilómetros (220 millas) antes de impactar su objetivo.
Los misiles hipersónicos, capaces de superar velocidades de Mach 5 (más de 6,100 km/h), representan un desafío crítico para los sistemas de defensa actuales debido a su capacidad de maniobrar, cambiar de rumbo y zigzaguear en pleno vuelo. Chris Green, analista de Crisis Group International, señaló que esta carrera armamentística es una manifestación de tensiones prolongadas, donde las armas hipersónicas se han vuelto una prioridad para el Sur ante el fortalecimiento de los lazos militares y económicos entre el Norte y Rusia.
La incertidumbre sobre el origen de la tecnología norcoreana persiste. El general retirado Chun In-bum, investigador del Instituto Nacional de Estudios de Disuasión, sugirió que Pyongyang podría haber obtenido estos avances mediante espionaje industrial en Estados Unidos, Corea del Sur, Japón o a través de sus aliados. "Es posible que todo esto sea propaganda, pero hay una larga lista de ocasiones en las que se han subestimado las capacidades de Corea del Norte, solo para demostrarse después que, de hecho, pueden hacer lo que dicen", advirtió Green.
Aunque el desarrollo de estas armas genera preocupación por una mayor tentación de uso ante la dificultad de interceptación, algunos expertos consideran que la paridad tecnológica podría neutralizar la ventaja estratégica de ambos bandos. No obstante, el despliegue masivo de estos sistemas obligaría a Corea del Sur y Japón a replantear sus estrategias de defensa antimisiles, planteando interrogantes complejos para la estabilidad regional.


