WASHINGTON. — El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán confirmó este sábado haber atacado tres buques petroleros en rutas no autorizadas dentro del estrecho de Ormuz, además de tres embarcaciones vinculadas al Pentágono en otras zonas. Esta ofensiva se presentó como una represalia directa tras los bombardeos ejecutados horas antes por Estados Unidos contra tres navíos iraníes.
El Departamento de Guerra de Estados Unidos justificó su intervención como una respuesta a un ataque previo con misiles lanzado por Teherán contra dos buques de guerra estadounidenses desplegados en Medio Oriente. Según reportes oficiales, dos de los petroleros iraníes alcanzados en el golfo Pérsico —uno frente a la isla de Kharg y otro cerca de Jask— quedaron inmovilizados permanentemente, mientras que un tercer buque cisterna fue destruido en el golfo de Omán.
El almirante Brad Cooper, jefe del Comando Central de Estados Unidos en la región, advirtió sobre la postura de Washington: “Si disparan contra dos de nuestros barcos, les impondremos un costo económico aún mayor: destruiremos tres de los suyos”. Por su parte, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, reforzó esta postura a través de la red social X, asegurando que la flota iraní carece de capacidad defensiva frente a la superioridad aérea y naval estadounidense.
En contraparte, el portavoz de la Armada del CGRI, Alí Mohammadi, minimizó el impacto de las acciones estadounidenses, afirmando que no han causado problemas para el control de la región por parte de la Guardia Revolucionaria. La agencia iraní Tasnim reportó que la tripulación del petrolero atacado cerca de la isla de Kharg logró sobrevivir y está siendo desalojada.
Ante la presión económica, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, hizo un llamado a la unidad nacional para neutralizar las sanciones impuestas por Washington, las cuales fueron reforzadas el mes pasado bajo un esquema denominado “Día D económico”.
Paralelamente, el conflicto en Yemen se intensificó con enfrentamientos entre fuerzas gubernamentales respaldadas por Arabia Saudita y rebeldes hutíes apoyados por Irán. Fuentes médicas y militares confirmaron la muerte de 64 personas —26 soldados, 31 combatientes hutíes y seis civiles— en el suroeste del país, sumándose a los 129 fallecidos registrados el viernes.


