CIUDAD DE MÉXICO. — El pasado 30 de septiembre, un grupo de ex trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) llevó a cabo una protesta en Los Pinos, donde decapitaron la estatua del ex presidente Felipe Calderón. Este acto se originó tras una manifestación en Reforma contra el ex mandatario, a quien los inconformes responsabilizan por la intervención militar en las instalaciones de Luz y Fuerza del Centro la noche del 10 de octubre de 2009. Según los manifestantes, dicha acción dejó a 44 mil familias sin sustento, a 22 jubilados sin pensiones y privó al país de la soberanía sobre la infraestructura de fibra óptica desarrollada por la empresa estatal. Durante la protesta, los electricistas señalaron la gestión de Calderón por la estrategia de seguridad contra el narcotráfico, el encubrimiento judicial en el caso del incendio de la guardería ABC y el cierre de 10 aerolíneas.
Este gesto simbólico evoca antecedentes históricos como las dinamitaciones de la estatua de Miguel Alemán en Ciudad Universitaria, erigida en 1953. Tras sufrir atentados en 1960 y 1965, la cabeza de dicha escultura fue finalmente destruida en la madrugada del 6 de junio de 1966. Posteriormente, en 1968, los restos de la estructura fueron utilizados por artistas plásticos para crear un mural efímero durante la huelga estudiantil.
La instalación de estatuas de ex presidentes en Los Pinos fue una iniciativa iniciada por José López Portillo en 1976, quien buscó registrar a los mandatarios desde Lázaro Cárdenas hasta su propio periodo. Esta práctica continuó hasta Enrique Peña Nieto, consolidando lo que se denominó la Calzada de los Presidentes. Por su parte, Miguel de la Madrid intentó matizar esta tradición creando la Calzada de la Democracia, donde se integraron bustos de figuras como Benito Juárez y Melchor Ocampo junto a dirigentes del PAN.
El fenómeno de la desacralización se ha extendido a la creación de "antimonumentos" en la capital, que buscan preservar la memoria de injusticias no resueltas, como la masacre de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas (2010), el incendio de la guardería ABC (2009), las muertas en Ciudad Juárez (1993-2013), la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa (2014) y el caso de los mineros de Pasta de Conchos (2006). A diferencia de estas iniciativas populares, el retiro de la estatua de Fidel Castro y el Ché Guevara en la colonia Tabacalera, ordenado por la alcaldía Cuauhtémoc, es calificado como un acto de arbitrariedad jerárquica, similar a las acciones de la Junta Militar en Argentina en 1955 contra las representaciones de Juan Domingo Perón y Evita.
