CIUDAD DE MÉXICO. — El olivo, una de las especies más antiguas cultivadas por la humanidad desde antes del año 3500 a.C. en el Medio Oriente, posee una historia profunda en territorio mexicano. Tras su expansión por Turquía, Egipto, África y España, los misioneros franciscanos introdujeron los primeros ejemplares en 1524. Lugares como Tulyehualco y Xochimilco aún conservan árboles centenarios, mientras que el cultivo se extendió históricamente hacia el Bajío, Michoacán, Sonora y las misiones de Baja California.
Durante la época virreinal, la Hacienda de los Morales, ubicada en lo que hoy es la colonia Polanco, alcanzó tal prestigio con su aceite que llegó a ser premiado en España. Este éxito provocó la molestia de los productores peninsulares, quienes lograron que el rey Carlos III emitiera una cédula real en 1777 para prohibir el cultivo y destruir gran parte de los olivares en América. Tras la Independencia, la producción se recuperó gradualmente.
Actualmente, México destaca con productos de calidad extra virgen que cumplen estándares internacionales. Entre los exponentes más notables se encuentra la Reserva de la Biósfera del Cielo, en Tula, Tamaulipas, con su marca Olivo del Cielo, que gestiona cerca de 275 mil árboles. Asimismo, Campo Emilia en Aguascalientes ha sido reconocido con medalla de plata en los Premios Virtus Iberoamérica, mientras que la comunidad otomí El Olivo en Hidalgo celebra cada octubre su Feria del Olivo. En Chimalhuacán, la familia Barragán mantiene viva la tradición en la comunidad de Xochiaca con olivos centenarios.
La cultura del Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) ha cobrado un nuevo impulso gracias al chef Pablo San Román, reconocido por su trayectoria en establecimientos como Ekilore, El Parador de José Luis y el Centro Vasco. En su nuevo restaurante, El Trujal, ubicado en Isaac Newton 88, Polanco, el AOVE es el eje central de la propuesta culinaria. San Román ofrece degustaciones de tres variedades de este "oro líquido", destacando sus beneficios nutricionales al ser un aceite libre de grasas saturadas y trans. Estas sesiones, que incluyen la participación de productores españoles, permiten a los comensales explorar desde usos culinarios hasta aplicaciones en repostería.

