El panorama cultural en Irán atraviesa una etapa de reconfiguración. Recientemente, figuras prominentes de la música iraní, como el violinista y compositor Bijan Mortazavi y el cantante Mohsen Namjoo, han regresado a su país natal tras décadas en el extranjero. Mortazavi, tras 47 años fuera, y Namjoo, después de aproximadamente 20 años de exilio, han sido vistos en Teherán, marcando un retorno significativo para la escena artística nacional.
El interés oficial por estos regresos fue confirmado el jueves 27 de agosto por el ministro de Cultura y Orientación Islámica, Abbas Salehi. En una entrevista con el periódico Farhikhtegan, Salehi reveló que su ministerio ha elaborado listas con los nombres de más de 100 iraníes destacados que residen en el exterior, con el objetivo de eliminar los obstáculos para su retorno. Al respecto, el abogado de derechos humanos Sina Yousefi recordó que, bajo el artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, al cual Irán está adherido, no se puede impedir arbitrariamente a los ciudadanos el ingreso a su propio país.
La etnomusicóloga Sepideh Raissadat, experta en la historia de la música persa, señala que esta estrategia no es nueva, pero subraya el complejo historial del Estado con la música desde la revolución de 1979. En aquel entonces, el ayatolá Ruhollah Jamenei calificó la música como perjudicial para la sociedad. En un discurso del 21 de julio de 1979 ante el personal de Radio Darya, el líder iraní llegó a etiquetar la música como una "traición al país" y una "droga" que debía ser erradicada. A pesar de estas restricciones, que incluyeron la prohibición de mostrar instrumentos en medios públicos, la música persistió como una forma de resistencia.
La tensión se ha agudizado tras las protestas nacionales ocurridas entre diciembre de 2025 y enero de 2026, las cuales fueron reprimidas violentamente. Según Raissadat, la música ha adquirido un nuevo rol político: "Lo más significativo que hemos visto en estos años ha sido el uso de la música por parte de los allegados de quienes murieron en las protestas". En funerales, las familias han sustituido los cánticos religiosos tradicionales por música, baile y vestimentas blancas, transformando el duelo en un acto de protesta contra el sistema político vigente.


