El fenómeno climático conocido como El Niño, caracterizado por un aumento en la temperatura del océano Pacífico, ha captado la atención de la comunidad científica mundial. Según los expertos, el evento inició en junio pasado y se espera que alcance su máxima intensidad en diciembre, prolongando su presencia hasta febrero. Las estimaciones sugieren que las temperaturas superficiales del mar en la región del Pacífico podrían superar los dos grados Celsius.
Las proyecciones son alarmantes: se estima que más de 450 mil personas podrían fallecer entre junio pasado y julio del próximo año debido al calor adicional generado por este 'Súper El Niño'. Entre los 20 países identificados como los más vulnerables se encuentran Nigeria, Indonesia, Sudán, India, Brasil y Estados Unidos, además de naciones en la región del Sahel y el sudeste asiático. El impacto no se limitará al calor, sino que incluirá sequías, incendios forestales e inundaciones que afectarán a prácticamente todas las regiones del planeta.
La Organización Meteorológica Mundial ha advertido sobre cambios drásticos en los regímenes de lluvias. Se prevén precipitaciones superiores a lo normal en el Pacífico ecuatorial central y oriental, el Cuerno de África, partes de Asia central y oriental, el norte de la península Arábiga, zonas de Norteamérica y el sureste de Sudamérica. Por el contrario, se esperan lluvias por debajo del promedio en el Atlántico ecuatorial, partes del Pacífico sur, el subcontinente indio, el sur de Centroamérica, el Caribe, y el noroeste y extremo meridional de Sudamérica.
En el caso de México, el Servicio Meteorológico Nacional y la Coordinación Nacional de Protección Civil presentaron sus pronósticos el pasado 9 de julio, durante una conferencia de prensa de la presidenta Claudia Sheinbaum. Las autoridades destacaron que el fenómeno traerá un incremento en temperaturas y lluvias, subrayando la importancia de la prevención y la disponibilidad de recursos, los cuales sufrieron una notable reducción durante el sexenio pasado.
El fenómeno es visto por los científicos como un aviso de las consecuencias del aumento de temperaturas globales. A pesar de las advertencias que datan desde el Protocolo de Kioto en 1997, la dependencia mundial de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón persiste. En el ámbito político, el reporte señala que figuras como Donald Trump y Vladimir Putin mantienen una postura que favorece el mercado de hidrocarburos, ejemplificado por la entrada de diésel ruso en el mercado estadounidense, lo cual subraya la falta de medidas globales efectivas para reducir los gases de efecto invernadero.
