CHOLUTECA, Honduras. — El fenómeno climático de El Niño, considerado el más intenso desde 1900 según el Servicio Meteorológico del Reino Unido, ha devastado el Corredor Seco centroamericano, una región donde habitan más de 10 millones de personas. La escasez extrema de agua ha provocado la pérdida masiva de cosechas de maíz y frijol, afectando gravemente a agricultores como Juan Estanislao Muñoz, de 61 años, quien asegura que nunca había presenciado una sequía de tal magnitud en la comunidad de las Chácaras, Choluteca.
La crisis ha escalado a niveles críticos: el Programa Mundial de Alimentos (PMA) estima que 4.2 millones de personas en América Central podrían enfrentar inseguridad alimentaria debido a este evento. Solo en Honduras, la cifra de personas en esta condición podría ascender de 1.4 a 1.9 millones, sumando a 500,000 individuos adicionales en situación de vulnerabilidad. A nivel global, el impacto de El Niño podría elevar el número de personas con inseguridad alimentaria aguda de 225 a 274 millones.
Lena Savelli, directora regional del PMA para América Latina, señaló tras visitar Choluteca que el paisaje ha sido transformado por la falta de lluvias, convirtiendo ríos que antes abastecían a comunidades enteras en caminos de tierra y piedras. Ante esta emergencia, el PMA ha distribuido asistencia a más de 470,000 personas en la región, incluyendo pagos en efectivo de 150 dólares mensuales y suministros de alimentos para evitar que las familias recurran a medidas desesperadas como la venta de ganado o el endeudamiento.
El impacto es multifacético. En el departamento de Valle, Honduras, agricultores como Darwin Cruz han reportado la muerte de su ganado y la reducción drástica en la producción lechera. En El Salvador, la falta de agua ha detenido la producción de tilapia en comunidades como El Matazano, mientras que en Guatemala, líderes indígenas como Elvira Pasá advierten sobre la pérdida total de las cosechas de maíz. Un informe de agosto de organizaciones como Oxfam y Acción contra el Hambre reveló que, de 73,000 hogares evaluados en 58 municipios de la región, más de 70,000 reportaron pérdidas, con un 78.6% de ellos perdiendo entre el 75% y el 100% de su producción.
La crisis se agrava por la falta de servicios básicos, el retorno de migrantes sin recursos y el agotamiento de las reservas familiares. Savelli enfatizó que, si bien los gobiernos han activado programas de emergencia, es imperativo invertir en resiliencia, sistemas de alerta temprana y gestión de recursos hídricos para enfrentar un fenómeno que, según proyecciones, se intensificará en noviembre y diciembre, extendiendo sus efectos hasta 2027.


