El año 1877 estuvo marcado por una combinación de inestabilidad política, una revolución tecnológica en ciernes y uno de los eventos climáticos más devastadores jamás documentados. El fenómeno de El Niño de ese año no solo alteró los patrones meteorológicos globales, sino que desencadenó una catástrofe humanitaria sin precedentes al causar la muerte de cerca de 50 millones de individuos.
Aunque el contexto actual es distinto, la comunidad científica y los historiadores han vuelto la mirada hacia este suceso ante la posibilidad de que los fenómenos futuros, influenciados por el calentamiento global, alcancen niveles récord. Si bien las proyecciones para 2027 no sugieren una proporción de mortalidad similar a la ocurrida hace 150 años, el temor a que El Niño rompa nuevos récords de intensidad persiste en la agenda climática global.
Expertos consultados analizan cómo las lecciones aprendidas de aquel desastre de 1877 pueden servir para comprender mejor la influencia del cambio climático en los fenómenos meteorológicos contemporáneos.


