El origen de esta dotación se remonta al testamento de 1895 de Alfred Nobel, quien dispuso que su patrimonio, superior a los 31 millones de coronas suecas de la época, fuera invertido para premiar anualmente a quienes aportaran beneficios destacados a la humanidad. En la actualidad, cuando el galardón es compartido, el monto se divide entre los premiados. Un ejemplo reciente es el Nobel de Medicina 2024, donde Victor Ambros y Gary Ruvkun recibieron 5.5 millones de coronas cada uno, cerca de 9.9 millones de pesos, de una bolsa total de 11 millones. Previamente, en 2001, Wolfgang Ketterle recibió una tercera parte del premio al compartir el Nobel de Física con otros dos científicos.
El destino de estos fondos varía drásticamente según el perfil de cada ganador. Mientras que Ketterle utilizó su parte para adquirir una casa y financiar la educación de sus hijos, otros han optado por la previsión financiera. Angus Deaton, Nobel de Ciencias Económicas en 2015, destinó el dinero a su fondo de jubilación, con la intención de administrarlo durante sus años de retiro. Por su parte, la escritora Elfriede Jelinek, Nobel de Literatura 2004, destacó que el premio le brindó, ante todo, "independencia financiera, por supuesto".
La filantropía también ha sido un camino común. Paul Greengard, Nobel de Medicina 2000, utilizó la totalidad de su premio para fundar el Pearl Meister Greengard Prize, dedicado a reconocer a mujeres en la investigación biomédica. Barack Obama, tras recibir el Nobel de la Paz en 2009, donó los 1.4 millones de dólares recibidos a diez organizaciones sin fines de lucro enfocadas en becas y apoyo social. En una línea similar, Samuel Beckett, Nobel de Literatura 1969, repartió su recompensa entre amigos con dificultades económicas.
Finalmente, algunos han llevado el impacto del premio más allá de la dotación inicial. Dmitry Muratov, Nobel de la Paz 2021, subastó su medalla física por 103.5 millones de dólares, fondos que fueron canalizados para asistir a niños refugiados ucranianos.


