Puncak Jaya, Papúa. — Durante siglos, las cumbres de la cordillera Sudirman en Papúa han sido un símbolo de permanencia, albergando glaciares que servían como archivos climáticos y centros espirituales para las comunidades indígenas locales. Sin embargo, la cobertura glaciar, que abarcaba cerca de 1,900 hectáreas en el siglo XIX, se ha reducido a apenas 16 hectáreas en la actualidad, con una previsión de desaparecer por completo en uno o dos años.
La ecóloga checa Marie Šabacká, quien visitó el Puncak Jaya —también conocido como la Pirámide de Carstensz— el pasado marzo, advierte que estos glaciares son únicos por su aislamiento geográfico. El retroceso es atribuido al calentamiento global provocado por la actividad humana, incluyendo la quema de combustibles fósiles, lo que eleva el punto de congelación y transforma las nevadas en lluvias en altitudes donde antes el hielo era constante.
Para los pueblos indígenas, como los moni y los amungme, la pérdida del hielo representa una crisis cultural profunda. Elfrida Natkime, activista amungme, explica que la montaña, llamada Nemangkawi o "Flecha Blanca", simboliza la pureza y la integridad moral. "¿Cómo se sentirían los musulmanes si se destruyera La Meca? ¿Cómo se sentirían los católicos si se destruyeran Roma o el Vaticano?", cuestiona la activista Adolfina Kum, subrayando el impacto de la degradación ambiental en sus cimientos culturales.
La región también ha sido transformada por la minería industrial, incluyendo la mina Grasberg operada por Freeport, lo que ha generado un complejo escenario de desarrollo económico, conflictos sociales y alteración del paisaje. Mientras tanto, el investigador danés Klaus Thymann ha documentado mediante mapeo tridimensional que el área glaciar ha disminuido un 95% desde principios de los años 2000 hasta 2025. "Casi no queda hielo. Esos son los hechos", concluye Thymann.


