La estrategia de expansión de AT&T en México, que comenzó con grandes expectativas tras la reforma constitucional en telecomunicaciones de 2013, llega a un punto de inflexión. La compañía estadounidense, que buscaba competir directamente con Telcel aprovechando su escala global, ha optado por desinvertir en el mercado mexicano, marcando el fin de una era que inició con la compra de Iusacell y Nextel.
En noviembre de 2014, AT&T anunció la adquisición de Iusacell por 2,500 millones de dólares, incluyendo deuda. En aquel momento, la firma de Ricardo Salinas Pliego contaba con 8.6 millones de suscriptores y una infraestructura que cubría cerca del 70% de la población. Cabe recordar que, previo a esta venta, Televisa había adquirido el 50% de Iusacell en 2011, para luego vender su participación a Grupo Salinas en septiembre de 2014. Tras la autorización del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), la operación se concretó el 16 de enero de 2015.
Poco después, el 26 de enero de 2015, AT&T anunció la compra de Nextel México a NII Holdings por 1,875 millones de dólares, transacción que finalizó el 30 de abril de ese mismo año. Esta segunda adquisición sumó tres millones de suscriptores adicionales y activos de espectro clave, permitiendo a la empresa consolidar una presencia operativa sin necesidad de construir una red desde cero.
La inversión conjunta anunciada por ambas operaciones ascendió a 4,375 millones de dólares. Sin embargo, una década después, la realidad financiera es distinta. El relevo en la propiedad será tomado por Grupo Televisa en asociación con Fintech Holdings, firma vinculada al empresario David Martínez. Este cambio de manos plantea nuevos retos en términos de competencia, integración de servicios y la necesidad de mantener inversiones constantes en infraestructura para intentar equilibrar el mercado frente a América Móvil. La efectividad de esta transición dependerá ahora de las autorizaciones regulatorias correspondientes.

