MADRID, España. — En el marco de la presentación de su más reciente proyecto cinematográfico, Ceniza en la boca, el cineasta Diego Luna hizo un llamado a reflexionar sobre el impacto de los discursos de odio dirigidos hacia las comunidades migrantes. Durante sus declaraciones, el director subrayó que el miedo se ha convertido en un activo rentable tanto en la esfera política como en la económica.
“Hay como un orgullo en esos discursos de odio, en ese discurso ignorante, de rechazo. Hay mucha estridencia que acompaña estos discursos y es muy fácil capitalizarlo en términos políticos y en términos económicos. El miedo es muy rentable”, afirmó Luna. La cinta, basada en la novela homónima de la escritora mexicana Brenda Navarro, narra la historia de una joven que viaja a España para reencontrarse con su madre, quien ha trabajado de manera ilegal durante ocho años para sostener a su familia.
Para Luna, la película funciona como un espejo de las sociedades contemporáneas, exponiendo las violencias cotidianas y veladas que enfrentan los migrantes. El cineasta expresó su deseo de que el espectador logre ponerse “en los zapatos del otro” y que este ejercicio de empatía permita transformar el odio en respeto y entendimiento. Asimismo, agradeció a Navarro por la libertad creativa otorgada para adaptar su obra, la cual, según confesó, le permitió profundizar en temas como la ausencia materna y las fracturas familiares derivadas de la migración.
Por su parte, la actriz Anna Díaz, quien interpreta a la protagonista Lucila, destacó que la narrativa le permitió conectar con su propia historia familiar. “Se me quedó grabado una frase del libro que decía que las madres intentan abrazar a sus hijas lastimadas y las hijas no se dejan. Y creo que eso es parte de lo que sucede entre ellas, porque no se dan ese momento para platicar de mujer a mujer”, compartió Díaz.
La película, que se estrena en salas este viernes 16 de octubre de 2026, también aborda la precariedad habitacional. Luna señaló que, a través de la historia de Lucila, se muestra cómo la comunidad migrante logra articularse y encontrar apoyo mutuo en espacios colectivos, una experiencia que el director compara con la naturaleza misma del cine: un encuentro con extraños que busca generar una conexión humana.


