GAZA — La realidad en la Franja de Gaza sigue marcada por la violencia y la precariedad. Desde el inicio del alto el fuego el 10 de octubre del año pasado, más de 1,400 personas han muerto a causa de ataques israelíes, según datos del Ministerio de Salud de Gaza, cifras respaldadas por las Naciones Unidas. Entre las víctimas recientes se encuentra Fida al-Toutah, de 31 años, quien murió el 21 de septiembre tras recibir un disparo en la cabeza mientras se encontraba en su tienda de campaña. Su hijo, Ezz, relató cómo la ráfaga de disparos impactó el refugio familiar, un incidente que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) indicaron no tener constancia al ser consultadas por la prensa.
La situación de los civiles es crítica. Según el Ministerio de Salud de Gaza, el número total de fallecidos por ataques israelíes desde el inicio del conflicto hace tres años supera las 74,000 personas. El caso de Ismail al-Bardawil, un adolescente de 14 años abatido mientras pescaba en el mar Mediterráneo en la zona de Al-Mawasi, se suma a la cifra de más de 300 menores fallecidos desde que comenzó la tregua. Las familias, como la de Fida, han sido desplazadas en múltiples ocasiones, viviendo en campamentos improvisados donde la falta de infraestructura y la cercanía a la denominada 'Línea Amarilla' aumentan el peligro constante.
El acuerdo de paz, que permitió la liberación de miles de palestinos detenidos y de los 48 rehenes restantes, enfrenta un bloqueo en su segunda fase. Mientras Israel mantiene restricciones sobre la entrada de materiales de construcción alegando motivos de seguridad, el plan de recuperación de US$2,450 millones propuesto por el Consejo para la Paz sigue sin ejecutarse. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha condicionado la retirada militar al desarme de Hamás, mientras que el grupo islamista exige el cese total de la agresión y la retirada de las tropas para avanzar en cualquier acuerdo de desarme. Para ciudadanos como Amal Alabadla, una madre que cría sola a sus hijos en una tienda de campaña, la esperanza de una reconstrucción y un futuro seguro parece cada vez más lejana.


