Una creciente ola de rechazo internacional se ha consolidado contra Palantir Technologies, la firma de análisis de datos fundada en 2003 por Peter Thiel, Stephen Cohen, Nathan Gettings, Joe Lonsdale y Alex Karp. Con sede en Colorado, la compañía se ha convertido en un eje central del nuevo complejo militar-industrial-digital, enfocándose en el desarrollo de software como Gotham, para defensa y gobierno, y Foundry, para el sector comercial.
En Europa, una coalición de sindicatos y organizaciones civiles ha solicitado formalmente a sus gobiernos y a la Comisión Europea la rescisión de contratos vigentes con Palantir y el veto a futuros acuerdos, argumentando que sus operaciones son incompatibles con los valores democráticos. Paralelamente, en Argentina, un grupo autodenominado 'Los Gandalfs del Sur' protestó frente a la residencia temporal de Peter Thiel, rechazando la relación del inversor con el ecosistema libertariano local y las reuniones oficiales con el presidente Javier Milei.
La preocupación de los sectores críticos radica en la instrumentalización de grandes volúmenes de datos para el control social y la optimización bélica. La empresa, que recibió financiamiento inicial de una incubadora de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), ha sido vinculada a proyectos como el Maven Smart System, utilizado por Estados Unidos en la guerra contra Irán, donde un ataque a una escuela en Minab resultó en la muerte de más de 150 personas, en su mayoría niñas. Asimismo, su tecnología ha sido señalada en el contexto del genocidio en Gaza y la persecución de migrantes en Estados Unidos.
Las figuras clave de la corporación, Thiel y Karp, han sido objeto de críticas por sus posturas ideológicas, que incluyen visiones eugenésicas, antidemocráticas y un fundamentalismo vinculado al cristianismo sionista. Thiel ha llegado a afirmar que la democracia no es compatible con la libertad y ha calificado al Papa como un 'idiota útil' del Partido Comunista Chino.
Ante este panorama, expertos como Mauro Jarquín Ramírez, profesor de la FFyL-UNAM, señalan que la resistencia contra este proyecto tecnorreaccionario debe trascender la creación de un cordón sanitario alrededor de Palantir. El desafío, según se plantea, requiere una respuesta popular amplia que incluya la construcción de soberanía tecnológica, cooperación internacional y políticas industriales orientadas al bien común.


