En el marco de la reciente Asamblea General de las Naciones Unidas, el canciller argentino, Pablo Quirno, y el subsecretario de Estado de EE. UU., Christopher Landau, suscribieron en Washington un convenio estratégico denominado Corredor Andes-Atlántico. Este proyecto, que contempla una inversión cercana a los 7,000 millones de dólares, tiene como objetivo principal modernizar la infraestructura vial, marítima y ferroviaria de Argentina para facilitar la salida de petróleo, gas y minerales hacia los mercados internacionales.
La financiación del proyecto será gestionada por el Banco de Importaciones y Exportaciones de EE. UU. (EXIM), con un enfoque en la adquisición de bienes y servicios estadounidenses a partir de 2027. El plan prioriza la conexión de los yacimientos de Vaca Muerta, situados en las provincias de Mendoza y Neuquén, con los puertos comerciales del país. Según el presidente de YPF, Horacio Marín, esta infraestructura podría generar hasta 200,000 millones de dólares en exportaciones durante los próximos 20 años, con un potencial de inversión total de hasta 100,000 millones de dólares.
El acuerdo también pone especial énfasis en los minerales críticos, como el litio y el cobre, con foco en la provincia de Jujuy. Expertos como Esteban Actis, investigador de la Universidad Nacional de Rosario, señalan que esta iniciativa busca contrarrestar las inversiones chinas ya establecidas en el sector minero argentino. Por su parte, el canciller Quirno aseguró que la alianza con Washington no implica una exclusión de las relaciones comerciales con China.
Además de la infraestructura física, el proyecto contempla la implementación de 'aduanas digitales' y la mejora de redes de fibra óptica y asistencia eléctrica. Enrique Carrier, experto en telecomunicaciones, calificó la iniciativa como una situación de beneficio mutuo que permite a Argentina mitigar su déficit histórico de infraestructura, bajo el respaldo de garantías políticas y financieras del gobierno estadounidense.


