El sistema comercial global enfrenta su periodo más impredecible desde la posguerra, marcado por las secuelas de la pandemia de COVID-19 y una reconfiguración de las cadenas de suministro. Robert Staiger, economista jefe de la Organización Mundial del Comercio (OMC), ha calificado este escenario como "las perturbaciones más graves y prolongadas desde que se creó el sistema hace 80 años".
No obstante, el informe anual de la OMC revela que el volumen del comercio de bienes creció un 4,6% el año pasado, mientras que el sector servicios aumentó un 5,3%. Este dinamismo ha sido sostenido principalmente por la tecnología vinculada a la inteligencia artificial (IA), que representa cerca de una sexta parte del comercio de bienes y casi la mitad de su crecimiento mundial. China se mantiene como el mayor exportador de bienes, mientras que Estados Unidos lidera como el mayor importador, seguido por la Unión Europea.
La política comercial de Estados Unidos bajo la administración de Trump, que regresó al poder en 2025, ha desafiado las normas de la OMC mediante la imposición de aranceles específicos por país. Actualmente, cerca del 72% de los bienes mundiales se comercian bajo las reglas básicas de la organización, una cifra que descendió desde el 80% registrado en 2022. Según el Peterson Institute for International Economics, las importaciones estadounidenses desde China cayeron cerca de un 28% el año pasado, siendo sustituidas por proveedores de Vietnam, Taiwán y México.
En el ámbito energético, la guerra en Ucrania ha provocado una reorientación radical. La Unión Europea redujo su dependencia del gas ruso del 37% a finales de 2021 a cerca del 10%, sustituyéndolo por acuerdos con Estados Unidos, Noruega, Australia y Kazajistán. Por su parte, la crisis derivada del cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán desde finales de febrero de 2026 ha mantenido los precios del crudo Brent por encima de los 100 dólares. Para mitigar el impacto, se liberaron unos 300 millones de barriles de reservas estratégicas en agosto, apoyados por una mayor producción de Estados Unidos, Kazajistán, Brasil y Venezuela.
Expertos como Thomas Sampson, de la London School of Economics, advierten que la globalización se ha estancado desde 2015. Las proyecciones de la OMC indican que una mayor fragmentación geopolítica podría reducir el PIB mundial cerca de un 5% para 2050, cifra que ascendería al 7% si el sistema multilateral de la OMC fuera reemplazado por un mosaico de tratados aislados.


