KNOXVILLE, Tennessee — A 31 años del atroz asesinato de Colleen Slemmer, el caso de Christa Pike ha vuelto a captar la atención pública ante la inminente fecha de su ejecución, programada para el 30 de septiembre. Pike, quien tenía 18 años al momento del crimen en 1995, fue condenada a muerte tras torturar y asesinar a Slemmer, de 19 años, en un campamento de formación laboral. El cuerpo de la víctima fue hallado con un pentagrama grabado en el pecho, un detalle que marcó el caso en Knoxville.
El proceso judicial determinó que Pike cometió el homicidio junto a su entonces novio, Tadaryl Shipp, quien recibió cadena perpetua. Mientras la defensa de Pike ha presentado una petición de clemencia de 226 páginas argumentando un historial documentado de abuso sexual infantil, negligencia y problemas de salud mental —incluyendo un diagnóstico de trastorno bipolar y trastorno de estrés postraumático—, las autoridades judiciales han mantenido la sentencia. Expertos como Sandra Babcock, de la Facultad de Derecho de Cornell, han calificado el caso como una muestra de las fallas en la representación legal de los más vulnerables.
Por su parte, May Martínez, madre de la víctima, ha reiterado su apoyo a la ejecución, señalando que busca justicia para que su hija pueda descansar en paz. A pesar de los esfuerzos de los abogados de Pike y las peticiones de organismos internacionales para detener el proceso, el gobernador de Tennessee, Bill Lee, no ha concedido indultos en casos de pena de muerte. Pike ha solicitado que, de llevarse a cabo la inyección letal, sea asistida por un equipo exclusivamente femenino para evitar agravar sus traumas pasados.


