El reporte mensual de las Líneas de Pobreza (LP) reveló que el costo de las canastas combinadas —que integran alimentos, bienes y servicios— registró una variación porcentual anual de 4.4%, superando en 0.9 puntos porcentuales a la inflación general anual del mismo periodo, la cual se situó en 3.5%.
En el ámbito urbano, una persona requirió 2,590 pesos mensuales para cubrir sus necesidades alimentarias básicas, mientras que en las zonas rurales el monto fue de 1,940 pesos. Al considerar la Línea de Pobreza por Ingresos (LPI), que incluye servicios no alimentarios, el costo en el sector rural alcanzó los 3,553 pesos.
El impacto de la cebolla fue determinante, al registrar un incremento anual en su precio de 89.8%. Este producto fue el de mayor incidencia en el alza de la canasta rural (35.7%) y el segundo en la urbana (25.2%). Por otro lado, los alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar aumentaron 5.8% anual, siendo el rubro con mayor impacto en las ciudades (32.1% de incidencia) y el segundo en el campo (26.3%). El jitomate también contribuyó al alza con un incremento de 26.7% en su precio, posicionándose como el tercer producto de mayor peso en ambos sectores.
Respecto a los servicios no alimentarios, el INEGI destacó que el transporte público y los gastos en educación, cultura y recreación fueron los factores de mayor peso. En las zonas urbanas, el transporte público aumentó 8.4% anual, mientras que en el sector rural el incremento fue de 9.2%. En cuanto a educación, cultura y recreación, el aumento fue de 5.9% en ciudades y 5.8% en zonas rurales. La canasta alimentaria explicó el 64.5% del alza total de la LPI en el ámbito urbano y el 60.1% en el rural.

